Acogida para los Encuentros de Taizé en Valladolid

Crónica de un Encuentro Europeo PDF Imprimir E-mail
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Encuentros - Europeos
  
Sábado, 22 de Agosto de 2009 18:12

 

Lo que os colgamos a continuación es una crónica de un monstruo de peregrino, que estuvo en el Encuentro de Bruselas (pincha en leer más para ver el artículo entero):

 

"¿Cómo he vivido esta peregrinación de confianza con parada en Bruselas? Ha habido diferentes momentos, como en tó, el antes, el durante y el después. Antes de partir varias cosas influyeron en mi vivencia:

- Tenía prácticamente decidío que estaría tranquilito, que seguiría el plan de la organización o sea parroquia, expo y talleres.
- Había leído alguno de los correos que Pablo nos envió de Taizé
- Había buscado en internet referencias a la Diócesis de Bruselas, ¿qué hacen los católicos de allí?
- Había participado en varios encuentros durante todo el año: Peregrinación a Santiago, encuentro de grupo de adultos en Guadíx, encuentro de jóvenes adoradores nocturnos en El Escorial, peregrinación de jóvenes de la diócesis de Córdoba al Santuario de la Virgen de Guadalupe, Cursillo de Cristiandad, etc.
- Algunos de mi comunidad en Málaga me habían encargado cosas de Taizé: una cruz para Antonio, un cD para Amanda, un cD para Sofi, calendario pa maruchi, mariampa y pa mi

Durante el encuentro:
- Quería participar en talleres que me permitieran que Dios me iluminase sobre mi ser cristiano, sobre mi vocación y así elegí dos, uno en la catedral y otro en la expo. Y muy contento.
- La parroquia era católica y el sacerdote un genio, era diocesano y sabía flamenco, inglés, francés, castellano, y alemán. Fue una bendición contar con alguien así, por no hablar de su disponibilidad y su alegría.
- La familia estaba compuesta por, supongo padre y madre, 2 chicos y una chica. Yo conocí a los 2 chicos y a un tío, franciscano. Todos de origen vietnamita. Toda una experiencia. Mis compis polacos, muy educados y atentos.
Contaros algo sobre la familia que me acogió. El primer día, nada más salir de la parroquia me puse a pensar, ¡este apellido parece de un africano! Espero no poner cara muy extraña cuando entre en su casa.
Cuando me abrió la puerta uno de los chicos me encontré a un chaval con rasgos asiáticos y expresión alegre. Me dijo que subiera las escaleras y colocara mis cosas por allí, en el dormitorio. Sentí alivio al notar la temperatura agradable dentro de la vivienda y espacio dentro del dormitorio.
Hice alguna foto del dormitorio, porque quería enseñar a mis padres dónde había dormido y cómo era aquel lugar. Era un signo de que me estaban tratando bien, que dejaban su cama y su lugar para dejárselos a unos extraños. No nos dejaron en un pasillo pudiendo haberlo hecho y continuar durmiendo ellos en su cama y estando en sus dormitorios.
En otro momento, aquella misma noche conocí a los chavales que habían sido acogidos como yo en la casa. Eran de Gdansk, bonita ciudad de Polonia, con alrededor de medio millón de habitantes. Dos de ellos eran hermanos, chico y chica y uno un amigo de aquella ciudad.
Estuvimos charlando un poco hasta que un hombre mayor nos indicó dónde estaba lo del desayuno y qué tenían para desayunar. Al terminar nos dijo que pasásemos al salón. Allí estuvimos charlando durante un rato, yo menos porque en inglés pues eso, se hace lo que se puede, me entendéis, ¿no? De todos modos entendía bastantes cosas de las que decía aquel hombre porque además de hablar despacio acompañaba su charla con gestos bastante certeros.
Nos ofreció algo que tomar y yo le dije que sí, y viendo que los compañeros se sentían algo tímidos les animé a pedir también. Si el hombre nos ofrecía de buena fe, de buena gana algo que tomar, allí había que ser agradecido y aceptar esa gratitud, posibilitar que nos sirvan, haciendo que el otro se sienta feliz por hacer un bien a hermanos en la fe. Poco después de empezar nos dijo que se llamaba John Francis, que era de Vietnam y que era franciscano. A partir de ahí nos introdujimos en una charla increíble, por lo menos para mí. Habló de la realidad de la fe cristiana en su país, de la ausencia de democracia, de la visita de sus sobrinos a aquellas tierras, de la realidad internacional de su comunidad. Todo ello dio pie a que mis compis polacos también comentasen la realidad de la fe cristiana en Polonia. Fue una charla que no se me hizo nada larga. En un momento determinado entró Phon, uno de sus sobrinos que se iba a acostar. Este chico, de unos 16 o 17 años se acercó a cada uno de nosotros y nos dio un beso de buenas noches...y yo me quedé cuajao. Dios, ¿esto cómo era posible?
Pasado un rato y viendo que se hacía tarde aunque estaba muy contento de aquella oportunidad les dije que me iba a la cama pero con otras palabras, jeje. Y a mis compis pareció gustarles la idea por lo que cogimos caminito y a dormir. Pero antes, Mijau tuvo un gesto bueno conmigo, pues yo entendí que íbamos a dormir 3 chicos en el dormitorio, ellos en los colchones y yo en la alfombra pero sin gesticular, como si lo viese normal, me dijo que yo al colchón de la cama que los hermanos dormirían en la habitación de al lado, que de dormir en suelo ni hablar.

La mañana siguiente aparecieron el tío, John Francis y Phon en el dormitorio, se quedaron un rato delante, entiendo que esperando por si les pedíamos algo. La verdad es que me resultaba algo incómodo, jeje. Yo me decía a mí mismo, a ver cuándo salen del dormitorio que estoy en pijama y me quiero cambiar. Nos acompañó al desayuno el tío y yo tomé una sopa tipo vietnamita, de pasta, que no había quién pillara los fideos esos, jeje. Luego me alegré porque el apetito no lo sentí hasta un buen rato después.

En la noche del 30 apareció en el piso el hermano de Phon al que aún no conocía. Tenía unos 20 años y estaba estudiando en otra ciudad algo así como ingeniería en biología. Nos comentó que si queríamos que fuésemos a la fiesta de fin de año que daría a sus amigos en el piso, después de la de la parroquia. Yo en ese momento creí entender eso pero no estaba convencido así que tuve que preguntarles varias veces a mis compis. Además teníamos que recoger nuestro equipaje y subirlo al piso de arriba que también era de ellos.

La noche del 31 cuando volvimos los cuatro de la fiesta de las naciones nos encontramos en el piso la fiesta del hermano mayor. Aquello parecía la ONU, gente de tos laos, uno parecía africano o americano, negro, otro europeo, él vietnamita, un gijonés y más gente. Al principio vi algo indecisos a mis compis polacos pero vi que sería bueno quedarnos con ellos aunque fuera un rato.

Al día siguiente, el primero del año se come en familia como sabéis pero yo no había entendido si nuestra familia nos daría de comer o no. Así que pregunté a mis compis y ellos trataban de decirme que comeríamos en casa, pero no les entendía. Así que pregunté una y otra vez al sacerdote por si sabía algo. Él me dijo que lo averiguaría pero en ese momento andaba muy liado con unos y otros, andaba como los pulpos, que no podía más, el pobre. Finalmente me volví con ellos a casa y me dije, que sea lo que Dios quiera. Una vez allí, el hijo mayor nos sacó unas pizzas del frigorífico y alejop, al horno. Me encantó, él lo presentó como si fuera a prepararnos una comida excelente, elaborada y me gustó su forma de hacerlo, de bromear, de teatralidad. El había pasado la noche con los colegas y quién como acabó, pero allí lo teníamos, sirviéndonos el almuerzo, realmente genial.

Aquella noche debíamos bajar nuestros equipajes para salir la mañana siguiente pero yo llegué cuando no había nadie que me pudiese abrir arriba, así que tuve que dormir con lo puesto y confiando que hubiese alguien al día siguiente para darme el equipaje, bañarme y cambiarme. Aquella noche me acosté con cierta inquietud por lo que pudiera pasar a la mañana siguiente porque no quería incordiar a los chavales tan temprano. ¡Cuál fue mi sorpresa que aquella noche y sin que yo me diera cuenta, sin haber sentido ruido, me habían bajado el equipaje y lo habían puesto al lado del dormitorio! Fue un alivio y una alegría. Me bañé, desayuné y cerré la maleta. Cogí el detalle que tenía preparado y junto a mis compis subimos a dárselos, cada uno el suyo. Entramos al piso y no había ruido, seguramente estaba dormido, así que con poca voz dijimos good morning pero no hubo respuesta. Al momento me decidí y tocando a la puerta del dormitorio asomé la cabeza y le dije que nos marchábamos. Cerré la puerta y con una carita de sueño y de cierta rabia apareció y escuchó las afortunadas palabras de Anna y cada uno le dimos lo nuestro y nos despedimos dándole las gracias y apuntándole nuestra dirección de email en un papel.

Bajamos deprisa, cogimos nuestros equipajes y nos marchamos.

- En la expo. Me reencontré con Mery, con Iván, con Ramona y más gente de otros encuentros. Además conocí a otra gente, de Córdoba.
- En nuestro grupo de Valladolid, me encontré genial, como en casa.

Tras el encuentro:
- Me falta que dar los encargos que me pidieron los de mi comunidad.
- He escrito a todos los que me dieron email y me ha alegrado tener noticias de quienes me han podido contestar.
- Ha surgido una propuesta en el grupo de Fran y mio (diferente de mi comunidad) de ir en verano en furgoneta a Taizé.
- Me han preguntado por mis vacaciones y ya he podido comentar que he ido a un encuentro de jóvenes cristianos.
- Quiero rezar por la unidad de los cristianos en la semana próxima.
- Me siento más unido que en otros encuentros a la familia y a la parroquia que me ha acogido.
- Sigo rezando y deseando el bien, haciendo el bien que puedo.

En fin, ha sido para mí una bendición. Lo de haber sido robado, presenciar cómo se estaban drogando los amigos de los chicos de la casa la noche de fin de año y los malestares por la pérdida del viaje de Hari y Cristina, entre otros asuntos, forman parte de un viaje donde ha sido más mucho más lo que he recibido que lo que haya podido dar."


R.M.M.R.

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Taizé - Lectura Bíblica Diaria
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  • mi, 8 de Septiembre
    Pablo escribe a los Romanos: Con los que aman a Dios, con los que él ha llamado siguiendo su propósito, él coopera en todo para su bien. (Rm 8,28-30)

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